Podría tratarse de uno de los cultivos más antiguos de la humanidad. En descubrimientos arqueológicos de las regiones andinas se han encontrado restos de esta semilla milenaria en tumbas de las civilizaciones Mayas, Incas y Aztecas datadas en el 4000 a.C.

Al tratarse de una semilla su valor energético es mayor que el de los cereales. Gracias a su valor y propiedades nutricionales está considerado como uno de los 36 vegetales con mayor potencial alimenticio para la humanidad. Además, presenta una excelente resistencia a la sequía y un gran rendimiento agrícola.

El amaranto constituye una excelente fuente de aminoácidos esenciales. Contiene casi todos los aminoácidos esenciales para el organismo excepto la leucina; que sería su aminoácido limitante.

Aporta casi el doble de proteínas que el arroz integral y supera al trigo, al alforfón y al mijo. Aunque su componente principal son los hidratos de carbono (59%), la gran mayoría de estos se encuentran en forma de almidón. Presenta un índice glucémico bajo por lo que lo pueden consumir los diabéticos.

Rico en oligoelementos y minerales, entre los que destacan el calcio, hierro (índice superior al de las espinacas), potasio, magnesio, fósforo, así como cinc y selenio (que estimulan el sistema inmunitario), lo que lo hace muy reconstituyente.

Asimismo, resulta una buena fuente de vitaminas del complejo B y de compuestos fenólicos con poder antioxidante. Además, es una rica fuente natural de escualeno, una sustancia grasa antioxidante con efectos protectores sobre la piel y el sistema circulatorio. Y su contenido en fibra es superior al de la mayoría de los cereales, lo que contribuye a la salud intestinal.