Aunque el plátano es originario del continente asiático hoy día se cultiva en muchas regiones tropicales y subtropicales, siendo la India el mayor productor mundial. La harina de plátano es catalogada como el nuevo superalimento, aunque es popularmente consumida desde hace tiempo en las culturas africanas y sudamericanas.

Surgió como alternativa para evitar desechar el excedente de las cosechas de plátanos. Y su grandes beneficios son que es un sustituto ideal a las harinas con gluten y que de su contenido en fibra resalta la alta concentración de almidón resistente, un tipo de fibra fuente de prebióticos.

Los prebióticos son aquellos hidratos de carbono fuente de alimento para las bacterias beneficiosas de nuestro aparato digestivo, las cuales son imprescindibles para contrarrestar el crecimiento de las bacterias perjudiciales, beneficiando a la salud de nuestra flora intestinal.  

En el plátano es destacable la concentración en vitamina C, un poderoso antioxidante que combate los radicales libres de nuestro organismo provocadores del estrés oxidativo y envejecimiento celular. Vitamina que es además indispensable para ayudar a la síntesis del colágeno, favoreciendo el correcto funcionamiento de la piel, los huesos y cartílagos, así como de las encías y dientes.

También contiene vitamina A, la cual actúa como antioxidante y protector de la piel y la vista, y vitamina B6, implicada en nuestros sistemas nervioso e inmune.

Pero es por todos conocido que el plátano es uno de los alimentos más ricos en potasio, importante para restaurar el equilibrio entre sodio-potasio y evitar la presión arterial alta. También tiene bastante magnesio, que regula la formación ósea y ayuda al buen funcionamiento del corazón y los músculos. Además de contener otras sales minerales como calcio, magnesio, hierro, fósforo, zinc y selenio.