El coco es de esos productos de los que se utiliza todo. Su cáscara y fibras se emplea como sustrato en suelos arenosos para prepararlos y mejorar su retención de agua y textura. Así como también es usada para la fabricación de carbón vegetal.

Las fibras de su corteza son también usas en muchas aplicaciones tecnológicas, sustituyendo al sintético poliéster, pues presenta mejores propiedades mecánicas.

El agua de coco es usada como bebida isotónica. Y si se somete a un proceso de fermentación también sirve para producir vinagre.

De su pulpa se obtienen distintos productos. Por un lado la propia pulpa en bruto; por otro, sometiendo a esta a procesos mecánicos de prensado, se extraen la leche de coco, la harina y sus aceites. Estos productos son hoy día muy utilizados por la industria alimentaría y farmacéutica. Incluso existen aplicaciones del aceite de coco como combustible sustituto de motores diésel.

Pero no vamos a dejar por comentar las propiedades nutricionales que nos ofrece la harina de coco. Contiene cerca del 45% de fibra, la cual poseen un efecto prebiótico, beneficioso para nuestra salud intestinal.

Es fuente de proteínas, aunque presenta deficiencia en tres de los ocho aminoácidos esenciales. Por eso conviene combinar su consumo con cereales y legumbres. Tiene aproximadamente la misma proporción de proteína que la harina de trigo pero con la gran diferencia de no contener gluten.

Además, es rica en grasas cardiosaludables, de las cuales la mayoría son saturadas y en forma de un tipo de ácido graso llamado ácido láurico, con fuertes propiedades antimicrobianas y antivirales.

En minerales destaca su contenido en selenio y manganeso. Oligoelementos que ayudan a combatir los radicales libres y que juegan también un papel importante, tanto en la función de algunas vitaminas, como en la asimilación de nutrientes.