Algunas investigaciones consideran que el cultivo de la quinoa pudo iniciarse hace más de tres mil años. Muy probablemente en las tierras ribereñas del lago Titicaca, donde se constituía como el alimento básico de las culturas indígenas hasta la llegada de los conquistadores españoles.

Los antiguos incas llamaban a este pseudocereal "chisaya mama”, lo que quiere decir "la madre de todos los granos”. Y su carácter sagrado hacía que sólo el emperador tuviera el honor de plantar las primeras semillas de la temporada.

El valor biológico y nutritivo de esta semilla es incuestionable, pues presentan una importante cantidad de proteínas y compuestos bioactivos que supera a los tradicionales granos de cereales.

Su excepcionalidad reside en un contenido proteico de alta calidad, una abundancia en aminoácidos esenciales y así como de ácidos grasos insaturados, destacando los omega 6 y omega 3. En cuanto a micronutrientes, cabe destacar su contenido en potasio, magnesio, calcio, fósforo, hierro, zinc y cobre, entre los minerales, así como de vitaminas del complejo B y E; de reconocibles funciones antioxidantes.

Es apta para diabéticos, pues sus hidratos de carbono de absorción lenta presentan un índice glucémico bajo, y además, su contenido en fibra y en isoleucina, leucina y valina, ayuda a equilibrar los niveles de azúcar en sangre.