Curiosamente, esta gramínea de interesantes características nutritivas se viene cultivando desde hace miles de años prácticamente solo en Etiopía, uno de los países más pobres del mundo; donde es utilizado para la elaboración de su pan tradicional, la inyera.

Su cultivo está muy arraigado en este país gracias a su fácil adaptación en zonas áridas, exigiendo pocos cuidados y poco mantenimiento.

El teff aporta alrededor de 13 gramos de proteínas por cada 100 gramos, y posee 8 aminoácidos esenciales. Es un cereal ideal para dietas de adelgazamiento por su bajo aporte en grasas. Además es rico en fibra dietética por lo que beneficia a la gestión del azúcar en la sangre, ayudándonos a controlar el peso y a mejorar nuestra salud intestinal.

Los hidratos de carbono en el teff son de absorción lenta, lo que evita las fluctuaciones del nivel de azúcar en sangre. Esto ayuda a retardar la liberación de insulina en el torrente sanguíneo, por lo que es ideal para los diabéticos.

Proporciona vitaminas A, E y K, y vitaminas del grupo B, como B1, B2, B3, B5 y B6. La vitamina B1 o tiamina, juega un papel importante en el buen funcionamiento de los sistemas nervioso y cardiovascular, y se la conoce como la vitamina anti-estrés.

Es una gran fuente de calcio y manganeso, lo que favorece una buena salud ósea. Su también alto contenido en hierro le hacen recomendable para pacientes que sufren de anemia.

Rico también en cobre, mineral que juega un papel importante en la producción de energía, las reacciones enzimáticas, la función del sistema nervioso, y la creación de glóbulos rojos.

Debido a que el teff es un alimento de alto contenido en fósforo ayuda a equilibrar las hormonas de forma natural, por lo que sirve también como remedio natural para el síndrome premenstrual.

Su característico sabor suave a nuez hace que su harina sea ideal para la elaboración de pasteles, galletas y panes.