La amapola es también conocida con el nombre de adormidera. Ya en la antigua Mesopotamia era conocido el uso medicinal de esta planta. Mediante cortes realizados en la cápsula que contiene sus semillas, se favorecía la exudación de su savia, la cual presenta un alto contenido en alcaloides usados para la fabricación de opio, rica fuente de sustancias activas como la morfina y la codeína.

Son muchas las evidencias de su uso ancestral en la medicina. Existe un papiro egipcio datado en el 1600 a.C., el papiro de Edwin Smith, en el cual su texto expone el uso médico y terapéutico que ofrecen las propiedades calmantes y opiáceas de esta planta.

La facilidad para la obtención de estos alcaloides ha llevado a aplicar, a nivel internacional, fuertes medidas para controlar su cultivo y evitar con ello la producción de heroína.

Su aporte de proteína es similar al de las semillas de girasol. Proteínas completas y de buena calidad pues contienen todos los aminoácidos esenciales. Además, ofrece niveles de carbohidratos bajo y su contenido en fibra es alto.

Se la puede considerar una semilla oleaginosa pues contiene una buena cantidad de grasas, mayoritariamente poliinsaturadas con mayoría de omega-6, omega-9, y también, aunque en menor medida, omega-3.

Contiene vitaminas del grupo B, siendo interesante su aporte en vitamina B1 y B9. También aporta algo de vitamina C. Y su buena dosis de vitamina E y otros compuestos fenólicos nos brinda gran capacidad antioxidante para nuestro organismo.

Respecto a su contenido en minerales destaca los niveles de calcio, más alto los que contienen el sésamo y la leche. Así como también nos ofrece una gran cantidad de fósforo, hierro, potasio, magnesio, manganeso, cobre, zinc y selenio.