No hay consenso en cuanto a su procedencia, disputada entre América y Asia Meridional, pues existen evidencias que la ubican históricamente en ambos continentes. Citada en algunos escritos hebreos y egipcios, su nombre común deriva del griego “kolókynza”. Y del romano “cucurbita” procede el nombre científico del género más comúnmente cultivado.

De igual manera, las evidencia más antigua de calabaza encontradas en Mesoamérica la sitúan en la región mejicana de Oaxaca, donde se encontraron semillas en restos arqueológicos datados entre 6000 y 8000 a.C.

Como todas las semillas, su principal valor nutricional reside en su contenido protéico rico en aminoácidos esenciales, como la cistina, alanina, triptófano y glicina, entre otros. Conocido es el papel que desempeña el triptófano en la formación de melatonina y serotonina, sustancias que nos ayuda a conciliar el sueño. Además, es también destacable el contenido que presenta de curcubitina, un compuesto amioacídico con propiedades desinflamatorias y antiparasitarias.

Son una fuente importante de grasas saludables, aportando una buena cantidad de Omega 3, Omega 6 y Omega 9, aunque estas últimas en menor proporción. Las cuales son muy beneficiosas para nuestra salud, pues ayudan a disminuir los niveles de colesterol, mejoran la hipertensión, tienen capacidad antiinflamatoria, así como también intervienen en la formación de hormonas y favorecen el funcionamiento sistema inmunitario.

Contiene poderosos antioxidantes naturales como son la vitamina A y E, así como también presenta una gran variedad de vitaminas del grupo B, las cuales ayudan a equilibrar nuestro sistema nervioso.

Las semillas de calabaza ofrecen un gran aporte de minerales para nuestro organismo. HIERRO (interviene en el transporte de oxígeno en sangre, participa en la producción de hemoglobina, ADN y colágeno, entre otras funciones), POTASIO (indispensable en la producción de proteínas y desarrollo muscular, así como controla la actividad eléctrica del corazón y mantiene en el equilibrio el PH de nuestro cuerpo), ZINC ( ayuda a regular y fortalecer el sistema inmunitario, interviene en la división y crecimiento celular), MAGNESIO (participa en la síntesis de ADN, ARN y proteínas, en regulación de la función de los músculos y del sistema nervioso, así como en el metabolismo de la insulina, entre otras muchas), así como también F