Son muchas las culturas que han usado fibras de cáñamo a lo largo de los tiempos. China recoge los testimonios del uso textil de sus fibras ya en el 8000 a.C. También textos Asirios recogen los usos que la cultura sumaria daba al cannabis, utilizado tanto como incienso en los templos, como con fines médicos así como para hacer cuerdas, telas y redes de pesca. Se cree que el origen etimológico de la palabra cáñamo proviene del vocablo sumario “Kanibu”, siendo los griegos quienes recogerían el testigo mediante la palabra “kannabis”, de la que deriva la latina “cannabis”.

En la edad antigua se consolidó como la fibra más importante del mundo, con una dominancia sobre las otras hasta el punto de que el 80% de los textiles eran de cáñamo. Precisamente los ejemplos más antiguos que se conocen de material tejido están hechos de cáñamo.

En la Alta Edad Media era junto con la madera los materiales más utilizado en la construcción de navíos. Los huecos entre las tablas del casco se rellenaban con fibras de cáñamo mezcladas con alquitrán para hacerlo impermeable.

Era el tejido más utilizado para la confección de velas y cuerdas para barcos. Y fueron los holandeses los que históricamente surtieron a todas las flotas navales con sus manufacturas de cáñamo, de muy alta producción, para la confección de velas.  

La disminución de su cultivo comenzó a raíz de la prohibición de la marihuana en los años 30 del pasado siglo. Probablemente las acciones de lobby de ciertos sectores industriales estadounidenses contribuyeron a su legalización con el objetivo de potenciar otros materiales como el nailon, para los que el cáñamo eran un fuerte competidor.

Las semillas de cáñamo se cultivan de la variedad Cannabis sativa, la cual no contiene cannabioles ni tampoco el principio activo THC, por lo que son un alimento seguro y considerado como un superalimento por sus excelentes propiedades nutricionales.

Ricas en proteínas vegetales fácil digestión, contienen todos los aminoácidos esenciales. También nos aporta ácidos grasos esenciales como el omega 3 y omega 6, imprescindibles para mantenernos sanos pues participan en funciones muy importantes de nuestro organismo.

Poseen un gran efecto antioxidante gracias a sus altos niveles de vitaminas A, C y E, ayudándonos a combatir el deterioro provocado por los radicales libres. Además, fortalecen nuestro sistema inmunológico, reduciendo el riesgo de infecciones y catarros; y nos ayudan a una mejor asimilación del hierro que consumimos en nuestra dieta, previniendo así la anemia.

Aportan, sobradamente, la cantidad diaria recomendada de manganeso y magnesio (un mineral imprescindible para la absorción del calcio, además de ser un relajante muscular y contribuir a disminuir el cansancio y la fatiga), e incluyen  también una buena dosis de zinc y fósforo.