Su planta pertenece a la familia de la menta, y era utilizada como medicina por los aztecas, aunque desgraciadamente cayó en el olvido durante siglos. La existencia sus semillas se remonta al 3.500 a.C. y su nombre proviene de la palabra maya "Chia" que significa fuerza.

Su cultivo estaba muy extendido, pero después de la conquista española las autoridades la prohibieron por el que los indígenas aztecas. Las semillas de chia fueron posteriormente reemplazadas por otras semillas más populares hoy en día como el maíz, hasta que en 1991 se inició un proyecto para recuperar alimentos perdidos donde se incluyó las semillas de chía.

Los aztecas y mayas agasajaban a sus guerreros y cazadores con estas semillas en recompensa por su labor. A las viudas de los guerreros que morían en batalla también se les hacía entrega de ellas en reconocimiento a su honor.

Existen textos del siglo XVI, escritos por el fraile franciscano Bernardino de Sahagún, en cuyos relatos atestigua como estas culturas lo consideraban un valioso tesoro y que eran utilizadas en ofrendas a Chicomecoatl, diosa del maíz y la fertilidad.

Destacan por su contenido en fibras mucilaginosas que le confieren la propiedad gelificante, ideal para espesar fácilmente cualquier líquido. Es un excelente suplemento de fibras solubles, las cuales nos brindan un beneficioso efecto prebiótico para nuestro tubo digestivo, ayudándonos también a reducir el colesterol y evitar el estreñimiento.

Sus niveles de proteínas son altos, sobre todo si se compara con cereales como el arroz o el maíz. Proporcionan buena cantidad de aminoácidos esenciales, pero como su consumo recomendado es limitado, es ideal combinarla en la dieta con cereales y legumbres; a los que ayuda a compensar en niveles de lisina.

Las semillas de Chía representan la fuente vegetal con más alta concentración de ácidos grasos esenciales Omega 3 y Omega 6, junto con las semillas de lino. Los cuales desarrollan funciones muy importantes en nuestro organismo ayudándonos a prevenir enfermedades cardiovasculares, a normalizar la tensión arterial, a mantener la flexibilidad de las membranas celulares, reducen el nivel de colesterol, protegen el corazón, mejoran la salud del sistema nervioso e inmunológico, etc.

Poseen una importante cantidad de flavonoides, entre los que podemos destacar el ácido clorogénico, el ácido cafeíco, la miricetina, el kaempferol, la quercitina, el betacaroteno (vitamina E) y el tocoferol (vitamina E). Sin duda una perfecta combinación con propiedades antioxidante.

En el ámbito de su aporte mineral, destaca por su contenido en calcio, ofreciendo también niveles de fósforo, magnesio, potasio, hierro, zinc, selenio, boro y cobre. Y otra ventaja es que ofrece un muy bajo contenido en sodio.